Poema a una madre

A Itza Julieta (Yuly), Malleli (Malle) y Gabriela (Gaby), Malanco Castillo.

Nuestra casa editorial Alianza Editores, se une a ustedes para expresarles nuestras más sinceras condolencias por la irreparable pérdida de Conchita Castillo Burguette, Directora General de Soportes Star, una gran mujer, una gran madre, una gran amiga y una gran empresaria, a quien reconocemos su labor incansable y rogamos a Dios por su descanso eterno.

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Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará? ¡Es más valiosa que las piedras preciosas!

Se levanta de madrugada, da de comer a su familia y asigna tareas a sus empleados.

Calcula el valor de un campo y lo compra.

Muchas mujeres han realizado proezas, pero tú las superas todas.

Proverbios 31: 10, 15, 16, 29.

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Cuántas veces, quizás aún hoy quise decirte cuánto te amaba.

Cuántas veces, cuando tú me hablabas, yo escucharte no quería y era por mi bien, tú decías tantas cosas que en mi locura de adolescente no entendía.

Pasaron los días, pasaron los años y cuando de mi vientre salía el fruto de amor, el velo de incomprensión de mis ojos se desprendía.

Fue entonces mamita querida como cuando un río en crecida, todos los momentos de mi niñez veía, caían como cascadas.

Tus consejos en mi mente se agolpaban como estrella fugaz, veía recuerdos que llegaban de mil colores, y mil formas entre risas y lágrimas, recuerdos buenos y recuerdos malos.

Cada momento como película llegaba, veía una que otra ingratitud que por mi intolerancia te lastimaban.

Gracias a Dios cambie ligero y traté hasta lo imposible por cumplir tus sueños, hacerte reír, jugar contigo, llevarte a comer conos y al cine solía salir contigo.

A medida que el fruto de mi amor crecía, veía repetirse en él algunas de las travesuras y necedades por la que en otrora tiempos yo causara.

Pero sabía que en el fondo del corazón te amaba como nunca amaré a nadie más.

Hoy visito tu tumba, con rosas rojas, pino verde y flores amarillas, con lágrimas roseo sus pétalos ¡Mamita linda!, estas lágrimas de tristeza son por tu partida.

Pero sé que algún día vendrás a recibirme para ayudarme a cruzar el puente, hacia la luz de la dicha infinita, aquí yace tu cuerpo dormido.

Por los años trajinados ya gastados, diste todo lo que más se pudo, tu memoria la conservo madre amada, sé que ya era la hora de tu marcha. ¡Mami linda, cuánta falta!

Se me fue la flauta que cantaba, en mis noches tristes me consolabas, ángel de mi guarda, vacaciones merecidas.

Hoy el Padre te consiente en los cielos, hoy me preparo para amarte desde el espíritu, siempre contigo, como diamante te llevo aquí en mi pecho.

Nunca morirás para siempre, mientras yo viva estarás en mis recuerdos, siempre viva en mi mente, sonreiré cuando te recuerde.

Al comienzo con la risa melancólica, pero aspiro a reírme a carcajadas cuando en sueños me visites a jugar parques ¡Mamita linda, cuánta falta me haces!

Autor

Unicornio Azul

D.R.

3 comentarios en “Poema a una madre”

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